Lo fácil que es perder el norte cuando tu vida gira de Este a Oeste.

Salgo con las maletas a reventar de casa por segunda vez y tan solo puedo pensar en esa voz diciéndome: “¿de verdad quieres volver? Si aquí lo tienes todo!”

La primera vez que cogí un avión hacia Oriente Medio todo era ilusión, miedo, expectativas, nervios. A la aventura saltas de un continente a otro sin pensar en nada más que en lo que te espera al aterrizar.

Una vez que los que autodeclaro meses “de campamento de verano” se terminaron y mi vida diaria pasó a ser una nada rutinaria rutina todas las dudas y cuestiones sobre este lugar y cómo funciona las cosas aquí se disiparon.

Y de repente, otra avalancha de pensamientos cae desde el lado contrario.

¿Dónde vivo mejor? Allí donde la comida huele a hogar, la ropa aparece limpia y planchada los sábados y  donde pronunciar el nombre de las personas con las que vivo no es una odisea.

Claro que se llega a pensar, y es que lo que dicen de que como en casa en ningún sitio no requiere ningún estudio firmado por el MIT o la universidad de Massachusetts.

Aunque diría que lo más difícil no ha sido salir de mi burbuja, si no ver como mi burbuja sigue fluyendo tan tranquila como si yo ya no formase parte de ella: cuando mis amigos se van compran los trajes de la orla, mi familia se va de viaje, mi colegio pone bancos nuevos y la frecuencia del autobús número 23 ya se me ha olvidado.

Pero volver a lo fácil, a lo conocido iría completamente en contra de mis principios, planes, destino, valores o como se quiera llamar (casi tanto como comprar ropa en Springfield).

Porque al coger el primer avión a Ben Gurion volaba para ver que me encontraba y al coger el segundo vuelo para reencontrarme con lo que ya no puedo dejar de atrás.

Una tarde de estudio en la que creamos nuestra propia boyband y que luego pagué con una noche de flexo hasta las dos. Un paseo hacia los campos del pueblo a ritmo de ukele. Un abrazo a la luz de las estrellas en un palacio improvisado. Una venta ambulante de chica asiática por parte de cierto par de europeos (para que luego digan que el racismo en colegios internacionales no existe). Y así podría seguir días y días.

Que hay días en los que el mundo se te cae encima (también llamados semanas de exámenes) pero de eso hay aquí, en España y en Filipinas. Pero todo sabe menos amargo sabiendo que tienes a gente en las dos orillas que te levantarían incluso cuando estás hundido en una masa de libros de texto.

¡Feliz año nuevo y próspera semana de exámenes!

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s